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JORGE RIVAS

JOAN LLUÍS MONTANÉ

 SARAH MORENO

 AMIR VALLE - 2014

CLARA ASTIASARÁN

 

 

EL ÁMBITO DE LAS IDEAS TRAS EL COLOR

           Felipe Alarcón Echenique ha ido demostrando en los últimos años que es uno de los artistas más lúcidos en el amplio espectro de creadores y propuestas de las actuales artes plásticas cubanas.

La lucidez, es necesario aclarar, se refiere en el caso de este pintor a la claridad con la que capta (y transmite al mundo creado en sus cuadros) diversas preocupaciones éticas y ontológicas fundamentales para poder entender estos años cargados de modernidad y atraso en los que hoy vivimos.... ( leer crítica completa...)

Amir Valle

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VISTA DEL AMANECER EN EL TRÓPICO

Conscientemente se ha expoliado el título de la novela del célebre escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (a.k.a. G. Caín) para establecer un diálogo con la obra del artista cubano Felipe Alarcón Echenique, en consonancia con su exposición Viaje al trópico.

La noción del viaje, signada por el viaje real, es el reencuentro con un panorama natural más cercano al origen; el trópico costarricense como cercanía biogeográfica a la patria, en este caso Cuba. Alarcón reside desde hace muchos años en España, otro de los destinos donde la intelectualidad y el arte cubanos han encontrado un nicho de apropiación y reconocimiento con una parte de la historia y la producción de la isla.

La obra de Alarcón ostenta reminiscencias a una laboriosidad y riqueza visual de gran parte de la tradición pictórica del arte cubano; al tiempo que despliega un gran cúmulo de valores y conocimientos que se traduce de la práctica artística de esta geografía, potencializando el aspecto más intelectual de la práctica artística. Tal y como en Vista del amanecer en el trópico es posible reconocer estrategias de escritura que, apelando a la configuración de espacios de silencio y vacío, de porosidades y quiebres, dibujan un mapa en el que, mediante una reposición y confrontación de saberes, es posible deslindar zonas que permiten una lectura sesgada de la historia de Cuba.

El texto visual de Alarcón despliega un sucedáneo de narración en múltiples fragmentos superpuestos –en franco diálogo o abierta confrontación– en los que, a diferencia de la pintura local, no existe un elemento predominante o una naturaleza visual pura. Todos los valores enfrentan su propio valor, valga la redundancia; estamos ante un texto visual plural y democrático donde cada elemento se entroniza como leit motiv, apelando a lecturas distintas.

Su obra se explaya en una articulación que le permite operar a partir del supuesto de una separación nítida entre naturaleza e historia. Estos campos de yuxtaposición se hacen explícitos en el collage como imaginario, más que como recurso técnico. Las piezas que conforman este proceso van organizando una heterogeneidad de saberes plurales mediante una práctica de escritura y reescritura (capas y capas y capas de información) que se combinan según variables diversas en el interior de cada uno de los fragmentos de una propuesta que tiende a la narratividad, a situarnos en un continuo gráfico y literario, a perseguir una historia.

El paisaje urbano, la figura de Fernando Pessoa, los filósofos grecolatinos y su representación formal-cultural, son algunos de los accidentes del territorio de la pintura de Alarcón; cuyos enclaves estimulan la pesquisa visual e interpretativa. Si su obra crea el sentido al consignarlo, según la conocida fórmula derrideana, se podría decir que la reescritura, la constante acumulación de imágenes satura la implícita mecánica de ocupación del espacio operando como exceso.

Las operaciones de reescritura en este texto: inclusión, reinterpretación, traslape, entre otras, tenderían no sólo a duplicar el carácter espacializador de su pintura sino que, por el vigor con que se realizan, llegarían a modificar la tradicional relación con el espacio en blanco. Por eso en este trabajo se presume una tendencia al volumen, a la tridimensionalidad que alcanza el propio despliegue del dibujo, volviendo el trabajo casi escultórico. Se intensifica desde esta perspectiva uno de los sentidos que Noel Jitrik le atribuye a la relación entre blanco y escritura: "el blanco se muestra, por la operación de la escritura que tiende a llenarlo, como infinito, siempre llenable, siempre imposible de llenar"

 

El encanto de lo ínfimo, de lo minucioso, que subyace a la estética del detalle y que, en ocasiones comparte la de la fragmentación, en otro nivel realiza su desconfianza en la pretensión de que es posible representar la totalidad. Cada episodio o fragmento de su trabajo puede ser deconstruído sin perder sentido. El refinado uso del detalle, con la más elaborada exquisitezsubraya, como ya se ha dicho, el quiebre de la forma canónica del discurso totalitario en su pintura, aunque no alcanza a afectar una posible cronología como forma de la linealidad.

La dispersión operada por el fragmento sostiene inclusiones y exclusiones: vaciamientos y sobredosis. Los espacios en blanco entre cada uno de sus fragmentos, cuya variabilidad es asimétrica pero no necesariamente azarosa, mientras que en su repetición acentúan el gesto de vaciamiento también articulan una mirada sesgada que sostiene la idea de un ritmo, de una especie de arquitectura moral y visual que sostiene el conjunto. Como una metáfora de los huracanes que en su furor arrasan unas zonas y dejan indemnes otras, el texto crea blancos, intersticios, por entre los que transcurre. Sin embargo, este trabajo de Alarcón no se traduce en la caoticidad, sino en una especie de amalgama orgánica, que nos permite fluir en ella.

La ruptura de los códigos del lenguaje, la fragmentación de la sintaxis del texto visual que escribe o intenta hacernos percibir una historia en esos intersticios, se constituye en un modo de contradicción y de ruptura respecto de una estética que reivindica como modelo el carácter orgánico, el cierre de este proceso como “obra” en el sentido planteado por Kant: "el arte bello debe ser considerado como naturaleza, por más que se tenga consciencia de que es arte".

Mientras que la obra de arte llamada orgánica quiere ocultar su artificio buscando la mímesis con el ritmo del mundo natural, un texto de ruptura como Viaje al trópico, sin renunciar a su condición de obra total, a la tensión unitaria que la constituye, se presenta de manera casi ineludible como artefacto narrativo, como producto artístico diseminado; creando su propio ritmo y poniendo en evidencia también, relaciones y saberes que otros podrán (re)construir y disfrutar, atravesando los diferentes recorridos y caminos que ofrece en sí mismo.

Clara Astiasarán
junio de 2014

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CRONICAS DEL TERROR

            ‘Pintor inquieto,  comprometido con su estilo -y su tiempo-, apasionado por el cálido ambiente de la isla, Felipe Alarcón Echenique (La Habana 1966), y rondando los cuarenta años arriba a una sólida madurez artística.

…Ya hemos apuntado que los dibujos de Alarcón interesan a la sensibilidad perceptiva del  espectador, mediante la variedad de efectos visuales, la luz y el movimiento que en ellos trascienden. Pero hay más, sus trabajos poseen un ritmo gráfico y un dinamismo concebidos dentro de un casi perfecto equilibrio. Arquitectura de formas y colores que, como un cúmulo de gestos y experiencias vivenciales, exigen adentrarnos  en ellos para comprenderlos en sus verdaderas dimensiones filosófica y humana.’ 

Jorge Rivas
Redactor de Cultura del periódico Trabajadores

 

 

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FELIPE ALARCÓN, NATURALEZA SUMERGIDA

Felipe Alarcón indaga en las interioridades del nosotros, de la procedencia de nuestro karma, que es el conjunto de ancestros, la dinámica de las almas que antes han sido y que ahora nos influyen o se entrecruzan.

‘Naturaleza Sumergida’, última serie del creador hispano-cubano afincado en Madrid, cuya obra está nutrida de Cuba, de recuerdos y ascendencias caribeñas, siendo la consecuencia de un viaje por el pasado y el presente, uniendo los tiempos, fusionándolos en un todo, porque el concepto del tiempo en la creación de Felipe es relativo.
Una relatividad que viaja más allá de las circunstancias, que es producto de una actitud que consolida el espacio pero al margen del tiempo.

La ‘Naturaleza Sumergida’, no solo es la naturaleza como tal, sino que somos nosotros mismos, nuestras circunstancias y nuestros ancestros y vidas pasadas. Todo forma parte de un todo, de un conjunto de ecosistemas que se evidencia claramente a partir de que el dejar fluir es el acontecer, y el mero hecho de acontecer es el instante supremo, la vivencia preclara por sí misma.

Toda vivencia es un acto único, el creador cubano lo sabe, indaga en su pasado, realiza un recorrido por su infancia, adolescencia y sus anhelos de ahora, sin renunciar a la fantasía, buscando el premio en cada recoveco e instante vital.

Es un pintor que se encuadra en la dinámica de la existencia, entendiendo que hay algo más, que existe una concatenación de momentos, unos vividos, otros entendidos como ya vividos pero, en realidad, solo aceptados de refilón; mientras que los más descansan en la naturaleza de la acción de por sí.

No hay evidencia, solo circunstancias de tal evidencia, cúmulo de sensaciones, pero, la naturaleza sigue allí, es la constatación. No solo árboles, plantas, medio exterior, agua, cielo, nubes, aire, sino que la naturaleza, y de ahí el título de la serie, para Felipe Alarcón es, también, naturaleza interior, el yo espiritual, es decir la ‘Naturaleza Sumergida.’   

Trabaja en técnica mixta sobre lienzo, combinando pintura, dibujo, collage, materia con gesto, detalle, color, planteamiento arquitectónico surreal, en el que subconsciente y consciente dialogan en un entorno en el que el espacio cede al tiempo el protagonismo, sumergiéndose en un marasmo pluriorientativo en el que destaca su visión de sí mismo al margen de cualquier divismo.

Es consciente de sus limitaciones, vive y se adentra en el misterio, para hallar la respuesta al ataque medioambiental en el propio equilibrio interior.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

 

 

FELIPE ALARCON, NATURALEZA SUMERGIDA, DORMIDA, ELUCUBRACIONES AL AMANECER DEL MUNDO

El pintor hispano cubano indaga en la naturaleza sumergida, es decir dormida, adulterada y mediatizada. Una naturaleza que está en peligro, que se encuentra en una difícil situación en el aspecto de que está vilipendiada, destrozada, desarmonizada. Pero naturaleza también somos nosotros.

Felipe indaga en nosotros, yo, tu él, Felipe, Felipe de niño, la familia, Cuba, la adulteración de las relaciones familiares, los avatares de la existencia.

En sus técnicas mixtas, elaboradas en base a dibujo, collage, pintura, fragmentos de materiales, fotografía y arte digital, su creación combina desde imágenes del Felipe niño, es decir de la inocencia, de la actitud de quien se halla en la transformación y el equilibrio, en la dinámica de la evidenciación de la transformación y el cambio.

Felipe, niño, piruleta, globo, coche, juguete, isla, Cuba, sol, palmeras, noche, mamá, chica, mujer, abuela, madre, la vista en el horizonte, el tiempo pasa, todo es dinamismo, no hay nada estático, somos el resultado de la evidencia de la transformación constante.

Felipe Alarcón, naturaleza sumergida, elucubraciones al amanecer del mundo, plasma la fortaleza de la naturaleza y su debilidad al mismo tiempo, conectándola a nosotros. En ocasiones, en muchas ocasiones, parece que la gente se olvida de que la naturaleza somos todos, forma parte de nuestro acerbo cotidiano, de nuestro acontecer en mitad de lo efímero, que es la propia supervivencia en la vivencia de la existencia.

La transformación es cambio, pero, también, si es continua, se convierte en constancia, en línea con una actitud que se repite de cada cien dos veces como mínimo.

Es un creador que es coherente, que se instala en la actitud de serenarse y concienciarse hasta el punto de ser parte de un todo, de una evidencia de la consecuencia que es la circunstancia.

Su obra de la última serie, titulada ‘Naturaleza Sumergida’, se basa en el dibujo, visto como un remolino, producto del consciente y el subconsciente, instalándose en los tempos pictóricos, emitiendo y dándole importancia al collage, también al atrezzo de los materiales, recortes, papeles, la fortaleza del color y la intensidad de lo eventual sideral conceptual.

La evidencia cromática, es la esencia de la intensidad. Conectamos con el todo, que es la nada, que somos nosotros, en la búsqueda del uno, al margen del vacío, porque armonizamos con la naturaleza dévica.
No hay nada al margen de la iluminación, todo es iluminación, decir lo contrario es sumergirse en las tinieblas de la ignorancia, es leer un pergamino sin conocer las claves.

Felipe está alerta, conjuga información con decisión, surrealismo alegórico y simbólico con expresividad y materia, para entresacar la arteria que comunica cual hilo de plata con el alma que mueve el mundo. Ya no es naturaleza somos todos, es el todo, es decir la nada, el vacío, la materia, la forma, el equilibrio.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

 

FELIPE ALARCÓN, NOSTALGIA MADRID

Felipe Alarcón, el pintor cubano-español, residente en Madrid, ha producido su última serie titulada "Nostalgia Madrid" una visión de la capital de España muy personal, en la que mezcla cuestiones del subconsciente, con otras de la alegoría surrealista, con la evidencia irónica que le caracteriza y su control del espacio-tiempo.

Se trata de una serie especialmente concebida para resaltar la dinámica de Madrid, la fuerza que encierra en sí misma, es decir la voluntad de generar energía y de concederse la determinación de la materia.

Edificios, personas, personajes, su propia mujer, caras conocidas y otras desconocidas, todas ellas son el paisaje humano global, formado por un conjunto de evidencias, detalles, rostros ensoñadores y otros que no lo son tanto
.
Se nutre de la dinámica de la esencia energética, combinando en su pintura, realizada en técnica mixta, collages a base de fotografías, fragmentos de recortes de fotos, dibujos y el color.

Encuadra el centro de la composición, centrando la dinámica compositiva, en la que muestra edificios y personas en plena vorágine, como si salieran de una elipse del tiempo, que aún mantiene su poética vitalista.

Madrid, la capital, la ciudad, el centro del diálogo para los seres humanos que estamos con ella.
Ciudad de ciudades, eje centrípeto, llena de libertad, también de soledad, compras, rebajas, verano, sol, soledad de nuevo, poetas envolventes, pintores que se sacuden la tristeza y la melancolía con la determinación de la transformación energética del medio en el que viven mediante su visión artística.

Madrid, ciudad emblemática, edificios altos, Nueva York en la cima, la potencia de Berlín, la evidencia de Barcelona en el Barrio de Salamanca, Carlos III, la Puerta de Alcalá, la actitud de quienes viajan por el tiempo, consolidando su acción, viendo rostros, caras, casas, rascacielos, consecuencias de la transformación.

Madrid, pueblo, hoy ciudad, el futuro, la circunstancia en la elegancia, construcción, edificios que son rascacielos, bloques, formas, geometría, estudio de la perspectiva, en una vorágine, donde el tiempo lo consume todo
.
Soledad, silencio, masa, gente, melancolía, alegría y tristeza. Bazas por jugar, la salida del descanso, la serena contemplación de lo vigente, fuerza, emblema, lado, costado, formulación de lo evidenciado.

Felipe Alarcón, que busca la verdad y detalla cual notario las circunstancias de la vivencia del hoy en cada rincón de un Madrid cosmopolita, lleno de recuerdos, de determinación energética, de austeridad castellana, pero, a la vez, de directas contestaciones a preguntas elípticas.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

 

NOSTALGIA MADRID, UN PASEO SURREAL DE FELIPE ALARCÓN

Nostalgia Madrid, es el título de la última producción pictórica de Felipe Alarcón, un creador plástico realmente comprometido con el surrealismo y el mundo del subconsciente, relacionándolos con la problemática social y la situación personal.

Es un psicólogo de los momentos, del tiempo, del paso de los segundos y las milésimas de segundo.

En Nostalgia Madrid  va más allá de Madrid, es un paseo por su propio interior, por el interior de Felipe, hispano-cubano, disfrutando de lleno de las avenidas, recovecos, edificios, laberintos, zonas oscuras y otras iluminadas. Descubriéndonos un interior melancólico y triste, en ocasiones soñador, en otras fuerte y valiente, siempre cambiante, en atención constante, porque se nutre del momento, siendo consciente del paso del tiempo, de la milésima de segundo, como si fuera un corredor de una carrera de 100 metros lisos en los JJ.00.

Su legado es estar convencido de que debe profundizar en su dinámica personal para encontrar el camino hacia la autopista. Un camino en el que está Madrid, el Madrid de hoy y de siempre, cual laberinto, lleno de puertas, de múltiples salidas, de oberturas variadas, de frecuentes ambivalencias, de determinación ensoñadora que no renuncia a su energetización capitalina.

Es un Madrid de rascacielos, vacaciones, verano, sin gente o con gente, gentes, fuerza, trepidante, formulando preguntas a cada instante.

Viaja a través del tiempo, pero siempre en presente. Camina con su mujer por las calles, todos somos viejos conocidos, somos partes del entramado que no ha envejecido, sino que está ahí, se halla en el segundo del cambio del instante.

El tiempo es la frecuencia, cambia de canal, hay espacios distintos, pero la línea no es recta sino curvilínea y determinante, de ahí que el instante sea la fuerza del universo concentrada en lo impreso, en lo que se ve y constata.

El subconsciente de Felipe viaja a través de los caminos, se encuentra, asimismo, ante el gran espejo, no lo cruza, sigue investigando, vorágine de vivencias, contrastes, evidencias, situaciones que han pasado, tristeza en la memoria, lejanía de la dolencia, de la dolencia que siempre le acompaña, que a cada momento se encuentra a su lado, en mitad del océano del asfalto de Madrid.

Madrid, toros, fútbol, flamenco, Castilla, austeridad y exageración, cosmopolitismo, poesía, arte, arquitectura, real sitio, sitio real, el Madrid de los Austrias, el Madrid de arriba y abajo, el Madrid de Carlos III, Puerta de Alcalá, Retiro, Felipe II, El Escorial, la andanada de lo energético, incluida en la fenomenología del momento visceral, contenido en la forma geométrica.

Su obra es surreal, alegórica, con pinceladas poéticas, elaborada en técnica mixta, con collage, pintura, dibujo, fotografía y color. Todo en uno, en plena vorágine energética, como un torbellino, cambiando de dirección pero manteniendo la perspectiva y un cierto sentido de diagonal.

Paisajes urbanos, edificios, gentes, niños, su mujer, en cada recoveco, paseando virtualmente, estando conectado con la historia, en la memoria, nostalgia de un Madrid lleno de vida, pleno de gente, a rebosar de ambiente.

Madrid, un Madrid de nostalgia, porque, a veces, uno se pierde en él, pero en otras se encandila, se centra y se dirige hacia la ciberposición en el cosmos, porque el subconsciente tiene un canal de conexión. Pero… no es el subconsciente, tampoco la realidad real, es Madrid, la ciudad del misterio, llena de enigmas, con pasado de reyes y monarcas, revoluciones y asalto, defensas a ultranza y cruce de culturas. Madrid, de Madrid al cielo y Felipe de testigo.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)  
 

 

 

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ISLA AL SUR, NARRATIVA VISUAL DESDE LA DISTANCIA

No se equivocó la paloma. Voló al sur y era el sur lo que buscaba. El pintor cubano radicado en España Felipe Alarcón nunca ha perdido su norte, las 27 obras que componen su colección Isla al Sur, que se exponen en la galería ArtRouge de Coral Gables, son la visión onírica, fantástica y utópica de su isla natal, Cuba, que desde Madrid la observa aislada, pero también como parte de un mundo que se transforma y arrastra todo con él.

Alarcón parece haber asumido con gusto el papel de vigía. Nativo del pueblo de Casablanca, villa marítima frente a la bahía de La Habana, el pintor niño dejó la guitarra por los pinceles a los 10 años, tan pronto se dio cuenta de que sus ojos tenían algo que contar.

Entonces el puesto de observación de Alarcón era un sitio privilegiado para otear la capital y el mar que la roza: el Cristo de La Habana, la escultura de Gilma Madera que preside la ciudad.

"Desde allí veía los paisajes, las vistas; entré en contacto con los verdes, con las marinas, divisaba desde La Habana hasta Regla", recuerda el pintor con las imágenes grabadas en una memoria que, como descubre su obra, es exacta y traicionera a la vez.

Isla al Sur no es un paisaje concreto. Es una visión reelaborada de emblemas personales y colectivos, una fábula de la historia en que las cruces se mezclan con las carabelas, el indio que sostiene los tesoros isleños, se deja ver junto al caballo, símbolo de los conquistadores europeos.

La isla es una mujer, con una cabellera de flores y miles de "intrigas", mosaicos mágicos que se trenzan en filigrana. Así la imagina Alarcón desde niño, y en eso comparte visión con Lam, Portocarrero y Mijares, también con el pintor pinareño Pedro Pablo Oliva, al que Alarcón menciona como una influencia.

El artista, con más de 20 exposiciones personales en Cuba, España, Italia y ahora en Miami, se siente una mezcla perfecta de su isla y del mundo. Su entrenamiento teórico lo recibió en la Academia de San Alejandro, que ha dado los mejores dibujantes del país. Desde entonces adquirió una costumbre: "Una vez hice un boceto y éste me quedó mejor que el dibujo. El profesor me aconsejó que no hiciera más bocetos y así lo he hecho".

En verdad es una obra libre, medios mixtos sobre cartulina, ajiaco en los temas y en las técnicas, en las influencias y en los homenajes. Están los símbolos de la masonería, de la que es miembro desde los 22 años; la figura de la santera, a la que presentan ofrendas para que favorezca los viajes al extranjero, y el Eleguá, que preside la balsas que ponen proa al Norte.

Pero también están las máscaras venecianas de la Italia que fue puerta al otro lado, cuando gracias al premio Zeus, pudo salir de Cuba en 1998. Resalta además un botín de mujer, como los de las bailarinas de cancán del Moulin Rouge; un guiño a Toulouse Lautrec, la historia del teatro del mundo en un zapato.

En cuanto a la "Isla al sur", en todas las visiones de Alarcón surge un niño, que a veces juega o se desdobla en tres etapas: nacimiento, carrera y final. Ese niño es su hijo, que se quedó en la isla y que imagina como cuando dejó de verlo. Es parte de una narrativa en primera persona, que no olvida el "nosotros".

En su perspectiva a distancia sobre una isla moldeable e ingrávida, el final, como ocurre con todas las tierras de encrucijadas, es más atractivo mientras más misterioso el golpe del viento.

Una isla que se repite en la memoria, con sus personajes enigmáticos y su paisaje borroso por el tiempo y la ausencia, es el tema de la exposición Isla al Sur, del pintor Felipe Alarcón , que se inaugura mañana a las 7 p.m. en Art Rouge Gallery, en 3275 Ponce De León Blvd, Coral Gables.

Alarcón, cubano residente en España, con una extensa carrera con más de 40 muestras unipersonales y colectivas en España e Italia, estará presente en la inauguración.

El pintor ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Primer Premio de Dibujo de la A.E.P.E (Asociación Española de Pintores y Escultores de Madrid) en el Certamen Lorenzo Aguirre, en el 2006, y el Gran Premio en el XIII Salón Internacional de ACEAS (Federación Internacional de Artistas Plásticos de Barcelona), en el 2003.

 

SARAH MORENO
El Nuevo Herald-Miami

 

 

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